María, icono de la Iglesia en camino, nos ayuda a seguir con alegría al Señor Jesús y anunciar con renovado amor la Buena Nueva de la salvación.

ITINERANCIA, PRONTITUD Y DECISIÓN

El Evangelio nos presenta a tres personajes que ponen de relieve lo que se pide a quien quiere seguir a Jesús hasta el final. El primer personaje le promete: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús responde que el Hijo del Hombre «no tiene donde reclinar la cabeza». Jesús ha renunciado a toda seguridad para anunciar el Reino de Dios. Así nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino itinerante. La Iglesia por naturaleza está en movimiento, no es sedentaria y no se queda tranquila en su propio recinto. Está abierta a los horizontes más amplios, enviada a llevar el Evangelio a las periferias humanas y existenciales.

El segundo personaje recibe la llamada directamente de Jesús, pero responde: «Señor, déjame que vaya primero a enterrar a mi padre». Jesús contesta: «Deja que los muertos entierren a sus muertos». Con estas palabras, deliberadamente provocadoras, tiene la intención de reafirmar la primacía del seguimiento y la proclamación del Reino de Dios, incluso por encima de realidades importantes, como la familia. La urgencia de comunicar el Evangelio no admite retrasos, sino que requiere inmediatez y disponibilidad. La Iglesia es decidida, actúa con prontitud, en el momento, sin esperar.

El tercer personaje también quiere seguir a Jesús pero con una condición, lo hará después de haber ido a despedirse de sus parientes. Y esto es lo que le dice el Maestro: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios». Seguir a Jesús excluye las nostalgias y las miradas hacia atrás, pero requiere la virtud de la decisión.

La Iglesia es itinerante, actúa con prontitud, deprisa y decidida. El valor de estas tres condiciones -itinerancia, prontitud y decisión- no radica en una serie de “noes” a las cosas buenas e importantes de la vida. El acento, más bien, hay que ponerlo en el objetivo principal: ¡convertirse en discípulo de Cristo! Una elección libre y consciente, hecha por amor. Jesús nos quiere apasionados de él y del Evangelio. Una pasión del corazón que se traduce en gestos concretos de proximidad, de cercanía a los hermanos más necesitados. Precisamente como vivió Él. (Francisco, Ángelus, 30/06/2019)

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Jesús no acostumbra hacer promesas seductoras u ofrecer ilusiones baratas. Con sus respuestas Jesús deja la impresión de querer desanimar a los candidatos que quieren seguirle. Él tiene muchos admiradores, pero pocos seguidores dispuestos a comprometerse, a regalar su tiempo, esfuerzo, dinero para que venga su Reino.
Participemos con intensidad en esta Eucaristía, dispuestos a seguir al Señor por el camino que él nos indique.