Amorevolezza
Cercanía, paciencia y empatía sostenidas hacia cada estudiante.
Acogida y pertenencia.
La casa es la dimensión de la acogida y la pertenencia. Significa que el joven que entra en una obra salesiana es un miembro de una familia. La casa genera identidad: aquí soy conocido, aquí tengo nombre, aquí se me espera y se me echa de menos cuando falto.
Esta dimensión exige educadores capaces de hacer sentir a cada estudiante que ocupa un lugar insustituible en la comunidad.
En un tiempo en que muchos jóvenes crecen en entornos fragmentados o en soledad afectiva, la escuela salesiana está llamada a ser, con toda la seriedad pedagógica que eso implica, un hogar.
El joven que entra en una obra salesiana es miembro de una familia: aquí soy conocido, aquí tengo nombre, aquí se me espera.
Ver noticias del colegioCercanía, paciencia y empatía sostenidas hacia cada estudiante.
Cada estudiante se siente conocido y acogido como persona, no solo como alumno.
Las familias son parte de la comunidad educativo-pastoral y caminan junto al colegio.
Encuentro, juego y alegría. Para Don Bosco el recreo no era una pausa en la educación sino una de sus expresiones más ricas: en el patio el joven se revela tal como es.
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Formación intelectual, académica y profesional. El amor a los jóvenes no puede quedarse en el afecto: debe dotarlos de competencias reales para enfrentar la vida con dignidad y autonomía.
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Fe, espiritualidad y trascendencia. La fe no se impone desde afuera ni se reduce a una asignatura: se propone desde adentro, desde la coherencia de vida de los educadores.
EntrarEducar, evangelizar y acompañar a los jóvenes piuranos con el estilo preventivo y pastoral de Don Bosco.